Manos hilanderas, Abuelita Blanca
Abuela celeste, boca contadora
¿Que cuento nos cuentas en la tarde clara?
Tal vez que la Bella se quedó dormida
y que atravesando su sueño y su alma
¿crecen los jardines?
¿Que la cenicienta perdió su sandalia?
¿Que ya el Ogro topó a Pulgarcito?
¿O que por el bosque a ser devorada
por el Lobo Malo va Caperucita?
¿O que Barba Azul a su enamorada
entrega las llaves y sale de viaje?
¿Que la niña llora y que viene el Hada
y que sus cabellos y que la sortija?
Abuela dorada
del sol y la luna
Nadie escucha ya tu vieja tonada:
que tus cuentos son ingenuos embustes;
Yo sé la verdad: vi como bailaba
la Bella del bosque con su caballero
toda palpitante al ritmo del agua;
vi a la Cenicienta en brazos del Rey:
el jardín abría la rosa encantada,
el Rey era bello, corona tenia
sobre la cabeza, ya se la quitaba,
y en su manto había dulces campanitas
que tintineaban, de oro y de plata,
y una rosa roja
en el suelo estaba.
Y Caperucita vuelve por la senda,
trae su gran cesta, redonda de paja,
y el lobo se ha muerto, creo que de hambre;
y Barba Azul tiene la barba dorada;
y el hada no viene y ríe la niña,
y si no lo sabes yo te lo contaba:
Pues es Pulgarcito quien deshace el nudo
de tu delantal, quien en la ventana
toca por la noche imitando al viento...
Ya nadie te cree, Abuelita Blanca...
Pero cuenta , cuenta para mi tus cuentos,
pero canta , canta tu vieja tonada;
Yo te escucharé con la boca abierta
en la tarde clara.
Traducción de Eduardo Carranza
Texto original de Tristan Klingsong, poeta francés
Fuente:Biblioteca virtual Banco de la República